Tuesday, October 27, 2009

La canción para Camilo






Hombre leal, guerrillero ejemplar, jefe exigente y humano hasta
en el peligro, Camilo deslumbró por sus profundos valores, y esa osadía suya de estar siempre en la vanguardia.



David lleva unos días ensayando en su coro, ya mañana es la presentación, se levantará temprano y marchará a la EVA El Cucalambé.
Emocionado junto a sus compañeros cantarán a Camilo dos preciosas canciones: Una flor para Camilo (El héroe de Yagüajay) y Hasta siempre Comandante (para el Che), en un acto solemne que protagonizarán los futuros músicos de este terrirorio.
Al culminar, todos marcharán como es costumbre hace ya 50 años, generaciones tras generaciones, echarán en ríos, mares, lagos la siempre flor para Camilo, esta será la actividad que cerrará la jornada Camilo-Che, que dio comienzo el 8 de octubre.
Camilo después de un sueño
(Por Marlene Hernández Guerrero, mi hermana mayor)

Lo vi, era él, estaba detrás de la mata de plátano, vestido de verdeolivo, con el brazalete, como mismo lo presentía 50 años atrás. No traía el sombrero alón; su cabello escaso y blanco como la nieve, igual su barba. Su sonrisa, esa amplia sonrisa no ha cambiado en nada.
Fue un bendito sueño, bendito porque lo trajo a mí de esta manera para hacerme recordar lo ocurrido hace medio siglo.
Yo vivía en casa de mi tía, en Santa Lucía de Nuevitas, Camagüey, por la mañana estudiaba en la escuela de Los Villalobos, y por la tarde, en la finca de mi tío, ayudaba a cargar plátano; aún recuerdo el olor de los guineítos maduros.
Aquel 28 de octubre de 1959, cuando se formó el corre, corre. ¿Qué pasó? Preguntaba la gente. ¡Camilo, Camilo desapareció! Hombres a caballo, a pie, por todas partes lo buscaban; la radio no paraba de informar, el ruido de los aviones estremecía; las mujeres lloraban, también los hombres. Por las noches, no importaba la oscuridad, hasta los candiles hicieron presencia en la pesquisa.
Todos estaban desesperados, yo me ocultaba en el platanal para llorar, no quería que nadie me viera, ni que supieran de mi deseo. Lo voy a encontrar, era mi único pensamiento, en cualquier momento aparecerá detrás de una mata de plátano, riéndose, como si jugáramos al escondido.
Un año después, en la escuela le rendimos homenaje al Señor de la Vanguardia y, como si alguien hubiese descubierto en mis ojos el deseo de encontrarlo, me seleccionaron para recitar su poesía Vas bien Fidel, adelante. Sentí por primera vez lo que era orgullo, aunque con mis 8 años no sabía ni explicarlo. Declamé debajo de una palma, a orillas de la playa, donde le echamos flores. ¡Qué hermoso se veía el mar con tantas flores multicolores! La bandera ondeaba a la altura del momento.
Soñar hoy con Camilo, verlo de verdeolivo, ya canoso, sin sombrero y con su amplia sonrisa, me despertó este recuerdo que he guardado tan nítido estos 50 años. En aquella niña que soñó siempre encontrarlo está vivo, pero no solo en mí, sino en los miles de chicos y jóvenes que hoy van a la playa, a ríos, arroyos… a echarle flores a Camilo, porque ellos también han aprendido a amarlo.

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