Monday, February 22, 2010

Del ejemplo se aprende

Tiene 90 años, en ocasiones le falla la memoria, pero la mayor parte del tiempo está lúcida. La cuida su hija que dejó de trabajar para atenderla todo el tiempo, mas en ocasiones “la saca del paso” haciéndole la misma pregunta tres o cuatro veces y que ella ya se la ha respondido en igual cantidad.
Entonces recordé una historia: El padre ya anciano, se encontraba sentado en el banco de un parque junto a su hijo que leía un libro mientras lo acompañaba; el viejo escuchó y vio a lo lejos algo que cayó y le preguntó: ¿Qué es eso?
El hijo le contestó, un gorrión, pasado un tiempo, le volvió a hacer la misma pregunta y fue respondida de la misma manera, así una y otra vez, hasta molestarse tanto que llegó a acalorarse y le gritó.
El anciano se paró, fue hasta su casa y cuando regresó trajo un libro abierto y se lo entregó al hijo, este comenzó a leer en voz alta:
“Muchas veces cuando jugabas y yo te cuidaba, me preguntabas una y otra vez por algo, yo te contestaba, te daba un beso y te acariciaba, así varias veces, jamás me molesté.”
Amar y cuidar al anciano que nos crió, enseñó y educó es el pago que todo ser humano debe dar en agradecimiento y siempre pensar que llegaremos ahí, es el ejemplo que les damos a los hijos para que en el futuro lo hagan con nosotros, como reza el refrán, “sembrar para luego recoger” .
Siempre he escuchado decir que a cierta edad se vuelve a ser niño por los cuidados que exige debido a la pérdida de capacidad, es por ello que como mismo fuimos cuidados cuando pequeños por ellos debemos hacerlo con nuestros padres, abuelos...
No maltratarlos, darles atención especial y esmerada, entender que ya no son aquellas personas fuertes a quienes admirábamos y dependíamos de ellos, ahora es lo contrario, ellos dependen de nosotros, de nuestro amor; que sientan que los respetamos que aún los necesitamos.
Hagamos por ellos todo lo que está a nuestro alcance, porque cuando ya no estén notaremos su ausencia, la falta que nos hacen; en vida todo, después de la muerte, para qué los lamentos?

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