Thursday, November 11, 2010

"No veo", la bulla no me deja

La frase que da título a este trabajo la recuerdo mucho, era la que expresaba mi difunto padre cuando la bulla lo atormentaba.


Hace mucho tiempo quería comentar sobre el mal hábito, lamentablemente ya generalizado, de escuchar la música extremadamente alta, no importa la edad, tanto los más jóvenes como los menos lo hacen; el reguetón de moda prima sobre el resto de los géneros y no es extraño escucharlo hasta en los lugares menos esperados, dígase un restaurante donde se supone que usted va a pasar un rato agradable con su familia o amigos, o una tienda en la que los equipos a la venta transmiten a toda voz, la Yutong que usted abordó o el bicitaxi que muchos rechazan por este mal.
No es contra este género mi comentario, es contra el volumen a que se escucha en todas partes; incluso en lugares donde la mayoría son niños se oye este ritmo de moda, muchas veces con letras soeces que repiten las inocentes voces como algo muy normal.
Defiendo el derecho de las personas de escuchar la música que les place, es muy difícil complacer todos los gustos, por ejemplo en un viaje en una guagua desde Las Tunas hasta La Habana con 40 y más personas a bordo; es correcto que el chofer escoja la música de su agrado, ya sea Marco Antonio Solís o Álvaro Torres o Daddy Yankee o Beethoven, pero no es correcto se la haga escuchar a los pasajeros a un altísimo volumen porque no todos la disfrutan por igual; respetar el gusto de los demás es un hábito que debemos retomar.
¿Quién permite a un desconocido entrar a su casa sin consentimiento? Incluso nuestras leyes no permiten ni a las autoridades invadir la intimidad de un hogar; pero ¡ah!, ¡la música!, de pronto un vecino la pone a todo volumen y te hace saltar dentro de tu casa; no importa la hora, no importa si estás durmiendo o leyendo o haciendo cualquier cosa, te INVADE alevosamente tu espacio, tu espacio sonoro, a veces te obliga a subir el volumen del televisor que estás viendo o de la música diferente de la que estás escuchando para poder oír y entonces ¡se forma lo que se forma! ¡El barrio entero emulando a ver quién la pone más alto!
No en todo momento hay carnaval, no es falta de cubanía escuchar la música de nuestro agrado a niveles de volumen para nuestro propio disfrute sin obligar a los que nos rodean escucharla, existen leyes que prohíben la propagación inadecuada de ruidos y el escuchar la música de manera inconveniente, la ley de Medioambiente y la ley reciente de Seguridad Vial son dos ejemplos, respetemos a nuestros compañeros, a nuestros amigos, a nuestros vecinos y respetemos nuestras leyes, no es muy difícil, seguramente cuando usted lea este trabajo se verá reflejado en él de un lado u otro, tomar la actitud correcta es su decisión.

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