Monday, October 28, 2013

"Niurka forever"


El subdirector de internado en una escuela es el más temido, es el  que controla todo, lo ve todo y está en contacto directo con los padres, comunica a estos si el alumno hizo algo malo, si salió sin autorización o si por casualidad faltó a algún turno de clases, manda a dormir a las 10:00 de la noche y da el de pie a las 6:00 am  por todo esto en algunas ocasiones, la mayoría quisiera no existiera.
En la ENA este papel le corresponde a Niurka, quien por años se ha mantenido al frente de los alumnos, siente mucho amor por su trabajo y por los alumnos que estudian allí, los cuida y ama,  todos la llaman mami Niurka,  a pesar de no estar de acuerdo con sus “leyes”.
David, que tiene un carácter muy fuerte,
Alumnos bajo la batuta de Niurka.
 
ha logrado dominarlo en varias ocasiones en las que se ha descarrillado, para él ha sido muy difícil entender que allí es su mamá y es la responsable de todos y que según ella dice “¿qué le digo yo a un papá si a alguno de ustedes le sucede algo?”
No obstante la respetan, solo sienten su voz y enseguida asumen lo que les corresponde en ese momento.
Anécdotas tienen muchas… a la hora de dormir siempre quedan algunos remolones, solo se para en la escalera y dice “yo voy a ver…” inmediatamente se escuchan los pasos ligeros que parece que el piso se caerá de tanto peso, ella solo ríe… “En las mañanas, pasadas las 6:00 am, solo tienen que sentirla y todos a la vez se tiran de las literas… y ella con su buen humor, les dice “pártanse, pártanse un pié…”
Sé que como yo hay padres que agradecen su manera de tratar a los muchachos y de encaminarlos, es muy bueno saber que aunque tu hijo esté fuera de casa y sin tu abrigo, haya personas que cuidan de él, por eso estoy feliz de que haya Niurka forever, como ella misma dice.

Sunday, October 13, 2013

El drama del cuarentón

El ómnibus salía a las 7:00 pm de La Habana con destino a Las Tunas, en el asiento 19 estaba yo, un  poco triste por ser la primera vez que viajaba sola, pero tuve que hacerlo, mi niño necesitaba de mí y no lo pensé dos veces.
Después del saludo cordial y la bienvenida, uno de los choferes  se dirigió a los pasajeros que estaban sentados en la parte de atrás y les dijo que si querían ocuparan los asientos que estaban vacíos más adelante... a mi lado quedaba uno, hasta allí  llegó un hombre no más de 40 años, ni me miró, ni saludó, ni permiso... nada, fui indiferente para él. 
Ya en marcha, el conductor solicitó que presentaran el pasaje para recogerlo. El pasajero del 20 armó todo un drama, viró bolsillos al revés, vació mochila, sacudió las prendas que traía dentro de esta, me miró y me dijo, la boté, la boté... le pregunto, qué cosa? La cartera, y fue del asiento de atrás hasta aquí, se lo informó de inmediato al chofer, este con mucha amabilidad fue con él hasta  su antiguo puesto, le encendió una luz, busca y busca y nada, alumbraron por todo el carro y la cartera jamás apareció. 
El compañero le dijo que le daba mucha pena, pero que tenía que abonarle el precio del pasaje, pues no tenía cómo justificar su viaje.
El cuarentón lo miró con cara de aflicción y le dijo, oiga, pero es que se me perdió todo el dinero, no tengo nada para darle... 
Lo siento mucho, pero entonces tiene que bajarse. 
No sé a qué acuerdo llegaron los dos choferes con él, pero aquel hombre continuó viaje sentado a mi lado, solo se lamentaba muy bajito chirriando sus labios (friendo huevos).
Dos o tres pasajeros le aconsejaron que revisara a todo el mundo, por temor a un robo, porque este aseguraba que había subido al ómnibus con  su cartera (luego me dijo que llevaba en ella aproximadamente ¡3 mil pesos!).
Yo no le creí, porque la parsimonia de aquel hombre no era  nada normal. No es posible que una persona pierda esa cantidad de dinero, que esté segura hasta del último minuto que tuvo la cartera en su mano, con su Carné de Identidad y otros papeles según él, muy importantes y no haga nada, no alce su voz o comprometa a todos los que estábamos allí.
A cada rato recuerdo esa noche,  para mí ese hombre no tiene sangre en sus venas o simplemente quería viajar sin abonar un centavo.
No, que va, estaba fingiendo totalmente, pero lo peor... este es un tipo de los llamados estafadores porque no sé cuál fue el acuerdo al que llegaron los choferes con él, que fueron muy considerados y no permitieron que se bajara en la autopista tan oscura y desamparada. 
Ojalá me equivoque y este tipo no esté aún riendo de lo lindo por la obra de teatro tan dramática y satírica que observamos aquella noche los pasajeros de una Yutong de ASTRO.