Wednesday, January 07, 2015

Para darle frente a la tristeza

Ubeneyda, "Ube" para los que la queremos, mujer trabajadora, luchadora y con mucho amor por la vida. Dejé de verla por un tiempo, mas nunca la olvidaba, siempre la tenía presente en una conversación, en alguna cosa que aprendí de ella, en fin… fueron 16 años los que vivimos cerquita, de hecho mi mejor vecina.
Hace 17 años le detectaron un cáncer de mama, inmediatamente fue al salón de operaciones y le amputaron el seno, luego vinieron las molestias, los sueros, el sufrimiento por la caída de su cabello, un proceso largo hasta llegar a su recuperación total, cuando estuvo apta para trabajar, volvió, pasó un curso de peluquería y actualmente se desempeña como tal, fue mi peluquera y amiga, no escatimaba hora ni días, no solo conmigo, ninguna otra conoce un "ahora no puedo" de sus labios, es otro ejemplo de mujer incansable y ejemplo de mujer cubana y un logro de nuestra Salud que rescató a esta Señora -así le gusta que la llamen- de las garras de la muerte.
En el tiempo que dejé de verla, según me cuenta, fueron días muy difíciles los que pasó, su mamá enfermó y murió, ahora le queda su padre al que hay que atender con cuidado y darle mucho amor.
“Estuve deprimida, mas esto se acabó, tengo que comenzar a hacer lo que siempre hice porque hay que darle frente a la tristeza y más cuando estoy en los 63 años, las personas mayores pueden perder el vigor, la independencia  e incluso a sus seres queridos, pero cuando la melancolía se convierte en pura depresión corremos el riesgo de contraer diabetes, enfermedades del corazón e incluso algunos llegan al suicidio y no he sido mujer de blandenguerías”.
Y tiene mucha razón, la depresión en personas de la tercera edad se manifiesta de manera diferente, en vez de expresar sentimientos de tristeza, presentan problemas físicos, sintiendo achaques, dolores de cabeza, debilidad y comúnmente problemas para dormir.
“Estuve con mi doctora en dos ocasiones y ella extrañada por mi presencia, que solo iba a las secuencias de vacunas y a la realización de las pruebas citológicas, me dijo que tenía que evitar el estrés, pues este me estaba provocando  mucho todo lo que me sentía, afectándome el dormir, el comer y hasta la manera de valorarme y pensar”.
Cuando la persona de edad va al médico, puede solo describir síntomas físicos,  es un error bastante frecuente achacar a la vejez los síntomas de la depresión, es decir, desesperanza, pesimismo, tristeza, apatía, falta de apetito o sueño, no querer estar con personas o familiares, o creer que es normal que los ancianos se depriman. Por el contrario, la mayoría de las personas de edad se sienten satisfechas con sus vidas, como es el caso de Ube, que siempre ha comentado que es feliz haciendo lo que le gusta.
Las personas mayores sienten la necesidad de estima y reconocimiento. Necesitan saber que forman parte de la sociedad y de su entorno cercano.
Cuando la persona de edad va al médico, puede solo describir síntomas físicos.
Esto pasa porque puede ser reacio a hablar de su desesperanza y tristeza, de su falta de interés en las actividades normalmente placenteras o de su pena después de la muerte de un ser querido. Las depresiones subyacentes en los ancianos son cada vez más identificadas y tratadas por los profesionales de salud mental.
 Existen personas que sufren mucho después de la jubilación ante el cambio que implica la falta de actividad profesional, y porque perciben su nueva situación como un aislamiento social por haber perdido también la relación que mantenían con sus compañeros de trabajo. Este cambio lo notan especialmente las personas que tenían un trabajo con el que eran realmente felices.
 No es esta parte la que Ube sintió, porque además de ser excelente trabajadora antes de su jubilación siempre fue muy buena ama de casa y hacendosa, “siempre estoy ocupada”.
En ocasiones le daban las tres de la madrugada con el chiquichiqui de su máquina de coser, porque quería al otro día estrenar alguna prenda o simplemente lucir en su peluquería algún delantal nuevo o tapete para sus clientas.
Estuve para el fin de año a verla y desearle todo lo bueno que merece, a las dos horas me paré y le dije YA, se acabó la conversación… volvió a ser la misma de antes y muy pronto volveré a pasar un rato con ella.

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