Por su parte, mi Bobby, siempre muy hiperquinético, extremadamente juguetón, para él no hay nada primero que el juego, ni comida, ni baño, ni televisión que tanto le gusta, pero pasa a un segundo plano, estudioso e inteligente, pero haragán para hacerlo. Un amor de niño, muy apegado a nosotros, a los tres, tiene que saber que estamos en la casa, aunque se pase el día en otra cosa que no tenga que ver con nosotros, desde pequeño muy comilón y dormilón, se pasaba horas durmiendo, pero chupando dedo, cogía “un trapito”, lo enrollaba y se hacía cosquillas en su nariz, cuando comenzó sus primeros pasos y primeras palabras me decía “ bame mi pito”, fíjate si siempre le gustó el juego que me decía “mami caca” entonces yo le buscaba el orinal y apuradito, ya con el chort casi bajo, se ponía a buscar cositas (animalitos, figuritas, carritos), para mientras estuviera sentado jugar y se pasaba ratos, hasta que ya yo lo paraba con el orinal marcado en los glúteos… qué bello recordar estos pasajes de la vida de una madre feliz de haber engendrado a estos bebés que son mi razón de vivir, porque siempre serán MIS NIÑOS.











