Desde pequeña escucho
hablar del “Mal de Mayo”, primero a mis abuelos, después a mis padres. Ellos me
contaban que después de una larga sequía de la cuaresma, las lluvias que caían,
sobre todo muy intensas, arrastraban desechos de todo tipo, defecaciones de
animales, de personas, mucha basura de todo tipo..., estos iban directamente
hasta los ríos y embalses de los que las
personas consumían.
Entonces,
era tradición a manera de creencia que la persona tomara un vaso de agua lluvia
de la primera que cayera en mayo y ya estaba convencido y así sucedía de que no
le daría este mal, mágicamente dicho vaso de agua lo inmunizaría este tiempo
hasta el próximo mayo.
Ahora tenemos todas las
condiciones creadas, la lluvia puede caer todo lo que quiera que no contamina a
nuestro preciado líquido, si tenemos en cuenta las medidas que la Dirección de Salud Pública nos orienta, en aquel entonces no existía el cloro y mucho menos el Hiplocorito de Sodio que se expende en farmacias. Sabemos además, que debemos
hervirla de no realizarle el tratamiento, pero aún aquella creencia sigue en pie, generación tras generación
estamos a la espera de la primera lluvia de mayo para coger nuestro poquito,
quizás no tanto para nosotros, pero sí se la exigimos a nuestros hijos y
abuelitos por el miedo de que enfermen.
Ya sabemos quye el mal de mayo no es malo, más bien es muy bueno, ya que esperamos con ansías unos buenos aguaseros que tanto necesitamos por estas tierras del oriente cubano, donde son muy escasas.
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