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Wednesday, November 09, 2016

¡Ay, los nombres!

Estaba embarazada cuando vio el filme Sissi, Emperatriz, ya tenía el nombre para la niña, desde adolescente soñó con llamarle Elizabeth, pero como pasa en estos casos, le gustó tanto el personaje de esta película, que se enamoró de él. 
 Desde que nació la beba todo el mundo la conoce por Sissi… 
Antes de saber que vamos a ser mamá ya tenemos la ilusión de algún nombre: si es hembra (*) y si es varón (*), para recordar a un gran cantante, actor o deportista o por supuesto al papá. 
Cuando ya por fin concebimos el embarazo es la familia la encargada de que cada día aparezca uno diferente, que casi siempre el que impera es el que dice papá y cuando existe el hermanito el que este propone para evitar los celos y las frustraciones… O por lo contrario “le vamos a poner así, pero lo llamaremos por este apodo”. 
Cuando el niño nace y va teniendo conciencia, la mayoría de las veces no le gusta el nombre que decidieron ponerle “cuando sea mayor de edad iré a cambiarme el nombre”. 
En mi caso no tengo problemas, los nombres que Bolívar y yo decidimos ponerles a nuestros hijos a ambos le gustan, pero sí tenemos un problema; el nombre dulce y el nombre del regaño, así lo han calificado. Cuando a David lo llamo Buby, se siente feliz porque sabe que su mamá lo mimará o lo complacerá con algo. En el caso de Clarissa sucede igual, su nombre dulce es Damy… cuando digo Clarissa Damila piensa que es para un regaño o “darle órdenes”. Realmente yo los entiendo, pues cuando mi mamá me llamaba por Marilú, sabía que algo sucedía, pero si decía Luly ya la cosa cambiaba a mi favor. 
La gracia de mi papá, imagínate tú, era Gercourt… (estoy casi segura de que es único), todos lo conocían por Tato, en cambio el de mi mamá era también poco común y jamás tuvo un mote, siempre fue Leda. 
Es que casi siempre van a existir dos o tres nombres con los que se llamará a una persona, dependiendo del amor que se le profesa a esta y dependiendo de la costumbre de cada cual. El nombre de pila se hace realidad cuando nos “oficializamos” en algún documento. 
Yo tengo muchísimos sobrinos y creo que a ninguno le digo su nombre propio, los amo más cuando los llamo: potota, kiki, tana, balandy, piri, chini, papa, Uli, mimi, cesa, Adita, Boji, Made, Oda, Sandy, Ofe, Yoni... mi Jorgi.