Pero, obviamente esto no ha sido suficiente. Causa de bajas escolares, planes de realización tronchados, dificultad para obtener el duodécimo grado y, más adelante la incorporación laboral, son algunas de las consecuencias que en un primer momento se nos ocurren cuando sabemos de alguna alumna embarazada. No son las únicas, ni las más graves.
Ser madre adolescente se convierte en un factor de riesgo para su salud y la de su hijo; el bajo peso al nacer puede desencadenar efectos negativos irreversibles para el bebé o hasta la muerte. Hoy, este elemento tiene una incidencia directa en la tasa de mortalidad infantil de la provincia. No se requiere ser especialista para conocer que en esa etapa de la vida el cuerpo humano no está preparado para todo cuanto implica un embarazo.
Además, después del nacimiento tampoco la madre, ni el padre (muchas veces en similar etapa de la vida) están listos mentalmente para acometer la manutención y educación del hijo. En muchos de estos casos, son los abuelos quienes asumen la formación del recién llegado, y también ven afectados sus proyectos; el padre y la madre suelen ser tan jóvenes e inexpertos que no saben qué hacer con el nuevo ser, ni orientarlo, ni garantizar una adecuada preparación para más adelante.
Las estadísticas sugieren que las hijas de adolescentes suelen repetir la historia, como en un círculo. Y, los nacidos de madres tan jóvenes, pueden presentar dificultades para su inserción y desenvolvimiento en la vida. Aunque no son reglas por cumplir absolutamente, las probabilidades aumentan si quien nos debe guiar todavía necesita ser conducida.
La planificación familiar, la salud reproductiva y, en sentido general, los temas relacionados con la educación sexual corresponden, primero, al seno del hogar; la escuela ayuda, complementa. Ningún momento para tratarlos es demasiado temprano. La realidad siempre lo confirma.
(Tomado de 26digital)
