Fui criada por mis padres y siete hermanos mayores, yo la más pequeña, y jamás recuerdo haberme sentado a la mesa con todos o al menos con uno.
Mi mamá jamás salía de la cocina, empataba las tres elaboraciones, una tras otra, lo peor era que cada uno llegaba a una hora diferente iba a los calderos, se servía, se sentaba y ni le decían "qué buena te quedó la comida", por solo tener un gesto y halagarla, nada. Imagínate cuántos hacían esa operación, con la excepción de mi papá que ella amorosamente le ponía el plato delante y jamás lo hicieron juntos, por lo menos que yo los viera, y por supuesto, para mí era muy normal aquello.
Conocí esa parte importante para la familia y la vida cuando me casé, Bolívar criado con un poco más de cultura... recuerdo que un día le puse la mesa y me fui a hacer otras cosas, al momento lo vi detrás de mí, y le pregunté preocupada, ¿ya terminaste? Y me contestó, “yo no soy ningún perro para que me pongan el plato delante y me dejen solo”.
Desde ese momento comprendí cuán importante era para él que me sentara a su lado más que a comer, a conversar de lo que habíamos hecho en el día, o cualquier otro tema agradable en ese instante. Porque además, no importa cuál sea el menú si lo degustas en compañía agradable.
Luego, cuando tuve a los niños, ya éramos cuatro, ese momento es sagrado para nuestra familia, tenemos una hora determinada para la comida de por la tarde, ya que cada uno tiene luego otras responsabilidades y este es el único momento en que estamos juntos los cinco, sí, porque ya mi hija está casada… degustando el plato nos enteramos cómo pasamos el día y qué hicimos cada uno, los proyectos del día siguiente, sus temores y preocupaciones, ellos en la escuela y nosotros en el trabajo, tenemos que hacerlo de esa manera, pues cuando terminamos ya ellos vuelven al estudio-trabajo o a alguna presentación que tengan esa noche.
Es muy agradable cuando ponemos la mesa que compartamos opiniones, porque si no se acaba muy rápido este acto que nos llevó mucho tiempo delante del fogón, además de que nos llenen de satisfacción cuando dicen: ¡Qué rico te quedó esta comida! o simplemente, ¡tú eres la mejor en la cocina…!




















