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| Foto: Rey López. |
La salud deviene derecho de todos, no se trata solo de curar, sino de prevenir y en ello una sana alimentación es fundamental, por lo que la inocuidad de los alimentos resulta una responsabilidad compartida.
Los alimentos que contienen bacterias, virus, parásitos o sustancias químicas nocivas causan más de 200 enfermedades, que van desde la diarrea hasta el cáncer y están relacionados con la muerte de dos millones de personas anualmente en el planeta, en su mayoría niños.
Mantener la limpieza, separar los alimentos crudos y cocinados, elaborarlos completamente, conservarlos a temperaturas seguras y usar aguas y materias primas inocuas, son algunas medidas que debemos adoptar en casa y más en familias en las que hayan niños y ancianos que son los más vulnerables.
Priorizar el cuidado de los sistemas sanitarios, si tenemos en cuenta que la inocuidad de los alimentos está asociada directamente a las enfermedades transmitidas por estos, lo cual constituye una importante causa de morbilidad y mortalidad.
Fomentar medidas destinadas a mejorar la calidad de los alimentos, esto incluye desde los campesinos, hasta los vendedores y hasta la mesa.
Se debe tener en cuenta los contaminantes químicos y biotóxicos, que se están usando cada vez más en los cultivos y la agricultura, y los pesticidas para el control de vectores, con los consecuentes riesgos que implican para la salud de la población.
En muchas ocasiones los casos vistos en hospitales se deben a dolencias por transmisión alimentaria. El acceso a una alimentación nutricionalmente adecuada y sana, es un derecho individual básico, por lo cual debemos garantizar la higiene para certificar la inocuidad y calidad.
En Cuba, este tema tiene gran importancia como parte de la actualización del modelo económico y social, si se tiene en cuenta que la oferta de productos elaborados exhibe un gran peso entre los trabajadores por cuenta propia, por lo cual es imprescindible enfatizar en la necesaria inocuidad para preservar la salud.
En este modelo de gestión, la actividad de elaborador-vendedor de alimentos constituye una de las que mayor número de personas posee adscritas, es por ello que se implementan programas para capacitar a los manipuladores que disponen de licencia sanitaria.
Sobre el uso de los maduradores de las frutas, existe un grupo de trabajo integrado por varios organismos para estudiar e identificar todos los elementos vinculados con esta práctica en el país, ya que esta es una preocupación recurrente en la población.
Los maduradores son sustancias que están autorizadas y se emplean internacionalmente, pero al igual que los medicamentos, tienen su modo de uso y una dosis estipulada, y cuando se incumplen los requisitos puede existir alguna afectación, es por ello que no se debe exagerar y tener en cuenta el uso y cantidad que debemos propiciar a cada producto y por supuesto, los que compramos tenemos que tener presentes todas las medidas mencionadas anteriormente y muy importante, saber a quiénes le compramos.
Los cubanos estamos acostumbrados a sentarnos a la mesa a ingerir alimentos tres veces al día: desayuno, almuerzo y comida, pero ¿será lo mismo comer por comer, y hartarte, a sentarte con tu familia o al menos con amigos y compartir el alimento?
La vida moderna nos trae deprisa, pero sentarse a la mesa debe ser un ritual de la familia. La televisión atrae, primero por la hora de los programas infantiles, luego, los noticieros y, por último y ya más tarde, las telenovelas. Mas, no hay excusas. Cuando se pierde este hábito familiar, comienza a desmoronarse la comunicación entre sus miembros y van quedando atrás valores muy importantes para la vida del niño que va creciendo, en los que debe tener muy presente que la familia es lo primero y más importante para su vida.
Fui criada por mis padres y siete hermanos mayores, yo la más pequeña, y jamás recuerdo haberme sentado a la mesa con todos o al menos con uno.
Mi mamá jamás salía de la cocina, empataba las tres elaboraciones, una tras otra, lo peor era que cada uno llegaba a una hora diferente iba a los calderos, se servía, se sentaba y ni le decían "qué buena te quedó la comida", por solo tener un gesto y halagarla, nada. Imagínate cuántos hacían esa operación, con la excepción de mi papá que ella amorosamente le ponía el plato delante y jamás lo hicieron juntos, por lo menos que yo los viera, y por supuesto, para mí era muy normal aquello.
Conocí esa parte importante para la familia y la vida cuando me casé, Bolívar criado con un poco más de cultura... recuerdo que un día le puse la mesa y me fui a hacer otras cosas, al momento lo vi detrás de mí, y le pregunté preocupada, ¿ya terminaste? Y me contestó, “yo no soy ningún perro para que me pongan el plato delante y me dejen solo”.
Desde ese momento comprendí cuán importante era para él que me sentara a su lado más que a comer, a conversar de lo que habíamos hecho en el día, o cualquier otro tema agradable en ese instante. Porque además, no importa cuál sea el menú si lo degustas en compañía agradable.
Luego, cuando tuve a los niños, ya éramos cuatro, ese momento es sagrado para nuestra familia, tenemos una hora determinada para la comida de por la tarde, ya que cada uno tiene luego otras responsabilidades y este es el único momento en que estamos juntos los cinco, sí, porque ya mi hija está casada… degustando el plato nos enteramos cómo pasamos el día y qué hicimos cada uno, los proyectos del día siguiente, sus temores y preocupaciones, ellos en la escuela y nosotros en el trabajo, tenemos que hacerlo de esa manera, pues cuando terminamos ya ellos vuelven al estudio-trabajo o a alguna presentación que tengan esa noche.
Es muy agradable cuando ponemos la mesa que compartamos opiniones, porque si no se acaba muy rápido este acto que nos llevó mucho tiempo delante del fogón, además de que nos llenen de satisfacción cuando dicen: ¡Qué rico te quedó esta comida! o simplemente, ¡tú eres la mejor en la cocina…!