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| Tomada de Cubadebate |
A pocos días de dar inicio a un nuevo curso escolar estoy pensando qué escucharé de nuevo. Por suerte ya mis hijos se graduaron y no estoy involucrada en estos menesteres que tantos buenos y malos momentos me dieron, principalmente en la Enseñanza Artística de la cual son profesionales.
La educación está dificil, en el sentido que los muchachos de este tiempo conocen demasiadas tecnologías, que muchas, incluso, se las dan directamente en el aula, de ahí llegan a casa y tienen la computadora, el celular o el tablec, es sentarse en frente de ellos y dejar pasar y pasar el tiempo sin levantar la vista para otra cosa, incluso, hacer vida social.
No estoy criticando el desarrollo, la tecnología... lo nuevo; y sí la responsabilidad que tienen las dos partes: escuela y familia.
La educación comienza en la cuna, siempre ha sido así, el niño crece y los padres son los responsables de educar, de enseñar los buenos modales e inculcar valores, mas no funciona así en todos los hogares y es cuando el maestro tiene su parte, cuando llega un niño al aula que tiene actitudes diferentes de los demás, tomar partido en ello, no dejar que los demás se contagien.
Hasta hace muy poco lo que decía el profesor era ley para los niños... si llegaban a casa y usted le decía algo contrario a lo que había escuchado en la escuela, pues simplemente se buscaba un problema con él, este con mucho énfasis repetía: Así me lo dijo la maestra, o no es así, es de esta otra manera porque el profesor me lo dijo...
Sencillamente no podemos dejar todo a una sola parte, hay que trabajar en conjunto para crear al hombre del mañana, que sea inteligente y con los valores que nuestra sociedad exige.
Ahora vuelvo al primer párrafo: No quisiera escuchar decir que la maestra esto, que los padres esto otro...
Jamás entenderé por qué las clases de un día terminan a las 12:00 del día, en ocasiones más temprano; o "no llevaré al niño o niña a la escuela porque estuvo hasta muy tarde jugando en la computadora".
Los cubanos estamos acostumbrados a sentarnos a la mesa a ingerir alimentos tres veces al día: desayuno, almuerzo y comida, pero ¿será lo mismo comer por comer, y hartarte, a sentarte con tu familia o al menos con amigos y compartir el alimento?
La vida moderna nos trae deprisa, pero sentarse a la mesa debe ser un ritual de la familia. La televisión atrae, primero por la hora de los programas infantiles, luego, los noticieros y, por último y ya más tarde, las telenovelas. Mas, no hay excusas. Cuando se pierde este hábito familiar, comienza a desmoronarse la comunicación entre sus miembros y van quedando atrás valores muy importantes para la vida del niño que va creciendo, en los que debe tener muy presente que la familia es lo primero y más importante para su vida.
Fui criada por mis padres y siete hermanos mayores, yo la más pequeña, y jamás recuerdo haberme sentado a la mesa con todos o al menos con uno.
Mi mamá jamás salía de la cocina, empataba las tres elaboraciones, una tras otra, lo peor era que cada uno llegaba a una hora diferente iba a los calderos, se servía, se sentaba y ni le decían "qué buena te quedó la comida", por solo tener un gesto y halagarla, nada. Imagínate cuántos hacían esa operación, con la excepción de mi papá que ella amorosamente le ponía el plato delante y jamás lo hicieron juntos, por lo menos que yo los viera, y por supuesto, para mí era muy normal aquello.
Conocí esa parte importante para la familia y la vida cuando me casé, Bolívar criado con un poco más de cultura... recuerdo que un día le puse la mesa y me fui a hacer otras cosas, al momento lo vi detrás de mí, y le pregunté preocupada, ¿ya terminaste? Y me contestó, “yo no soy ningún perro para que me pongan el plato delante y me dejen solo”.
Desde ese momento comprendí cuán importante era para él que me sentara a su lado más que a comer, a conversar de lo que habíamos hecho en el día, o cualquier otro tema agradable en ese instante. Porque además, no importa cuál sea el menú si lo degustas en compañía agradable.
Luego, cuando tuve a los niños, ya éramos cuatro, ese momento es sagrado para nuestra familia, tenemos una hora determinada para la comida de por la tarde, ya que cada uno tiene luego otras responsabilidades y este es el único momento en que estamos juntos los cinco, sí, porque ya mi hija está casada… degustando el plato nos enteramos cómo pasamos el día y qué hicimos cada uno, los proyectos del día siguiente, sus temores y preocupaciones, ellos en la escuela y nosotros en el trabajo, tenemos que hacerlo de esa manera, pues cuando terminamos ya ellos vuelven al estudio-trabajo o a alguna presentación que tengan esa noche.
Es muy agradable cuando ponemos la mesa que compartamos opiniones, porque si no se acaba muy rápido este acto que nos llevó mucho tiempo delante del fogón, además de que nos llenen de satisfacción cuando dicen: ¡Qué rico te quedó esta comida! o simplemente, ¡tú eres la mejor en la cocina…!